Las culturas indÃgenas del Noroeste del PacÃfico, en Norteamérica, tienen una larga tradición de crear objetos de madera bellamente tallados y pintados, como tótems y remos. Muchos de estos objetos son ceremoniales o poseen un significado espiritual, y la caja de madera doblada no es la excepción, aunque también cumplÃan funciones prácticas como cocinar o almacenar pertenencias personales.
Más allá del aspecto decorativo, estas cajas son únicas porque se construyen a partir de una sola tabla de madera que se dobla mediante vapor y un método de ranurado. En la segunda edición de 2026 profundizaremos en el doblado al vapor, y este proyecto es una excelente introducción: las curvas no son tan exigentes y permite familiarizarse con la técnica aun si no has construido una caja de vapor dedicada.
Tradicionalmente se fabrican en cedro rojo occidental, cedro amarillo o tejo. Como esas maderas no son nativas de Latinoamérica, opté por usar cedro rojo peruano, que no es un cedro verdadero pero mantiene el espÃritu del original. La veta de esta madera tiene más carácter que la del cedro rojo occidental y, para fines demostrativos, decidà resaltar la veta natural en lugar del tratamiento tradicional de tallado y pintura. Sin embargo, una vez hecha la caja, se convierte en un lienzo en blanco: si te interesa, puedes tallarla, pintarla o incluso incrustar materiales como hueso o concha para desarrollar el diseño.
Antes de empezar a trabajar la madera, planifica cómo generarás vapor para doblar la tabla. Si ya tienes una caja de vapor, perfecto. Si no, puedes improvisar una cámara sobre tu banco colocando una lona encima de la pieza y dirigiendo el vapor bajo la lona con una manguera. Un método sencillo y eficaz para generar vapor es usar una cocina eléctrica y una tetera.
Con el sistema de vapor resuelto, empieza el trabajo con la madera: dimensiona la tabla, prepara la superficie y escuadra la testa. Todo esto puede hacerse con el mismo cepillo en el banco. Luego marca dónde irán los cortes para formar las esquinas de la caja. Usa un cuchillo para trazar las lÃneas de corte y un gramil para marcar el fondo de las ranuras; el grosor de la madera en la zona del doblez debe quedar en unos 2–3 mm.
Con todas las ranuras y el rebaje del extremo marcados, haz cortes transversales con un serrucho siguiendo las lÃneas, deteniéndote justo antes del fondo de la ranura. En un paso posterior necesitaremos socavar ligeramente un lado de la ranura para facilitar el doblez. Si eres preciso con el serrucho, puedes crear ese pequeño ángulo ahora mismo inclinando levemente el serrucho hacia el interior en uno de los lados.
Una vez definidos todos los cortes, usa una guimbarda o un formón para retirar el material hasta la lÃnea del fondo de las ranuras y del rebaje en un extremo. Asegúrate de despejar bien todos los residuos para que nada impida cerrar la caja durante el doblado.
Enciende la cocina eléctrica y lleva la tetera a ebullición. La caja de vapor o la lona tardarán un rato en llenarse de vapor, unos 15–20 minutos. Una vez que el vapor fluya y el interior esté lleno, introduce la tabla y cierra la puerta o sella la lona colocando listones encima. No es necesario un sello hermético perfecto. Deja la tabla en el vapor entre 30 y 45 minutos; aprovecha este tiempo para visualizar tus movimientos, ya que queremos doblar la madera con calma pero con rapidez una vez salga del vapor.
Prepara un área despejada en el banco y un camino libre desde la caja de vapor hasta allÃ. Es recomendable usar guantes cuando retires la tabla, ya que estará caliente. Cuando el tiempo se cumpla, abre la cámara, retira la tabla y llévala al banco. Dobla una sección a la vez apoyando la cara exterior contra la superficie. Muévete rápido, pero sin forzar: guÃa la curva sintiendo las fibras. Si ofrece resistencia o notas que las fibras empiezan a romperse, vuelve a colocarla en el vapor por 10–15 minutos e inténtalo de nuevo.
Cuando la caja esté doblada y el extremo encaje en el rebaje, envuelve la caja con tubo de goma o con cordel para mantenerla cerrada mientras seca. Durante este periodo puedes empezar a trabajar la base y la tapa. Para la tapa, coloca la caja centrada sobre la parte y traza el perÃmetro interior; esta lÃnea servirá como referencia para cortar el escalón que mantendrá la tapa asegurada en la abertura.
La base puede ahora pegarse, dejando un ligero sobrante en cada lado. Cuando el pegamento seque, elimina el exceso hasta dejarla a ras de los laterales y redondea las esquinas con formones y limas siguiendo la curva natural de la caja.
Crea una plataforma elevada en la cara interior de la tapa haciendo una serie de cortes con un serrucho y retirando material con una guimbarda o formones. Ajusta el encaje hasta que la tapa entre suavemente en la abertura superior. Las tapas suelen tener un ángulo sutil en los bordes, alrededor de 7–8 grados, aunque puedes ajustarlo a tu gusto. Aunque suelen dejarse lisas, también pueden decorarse con tallas, incrustaciones o pintura. En este caso, al mantener las caras de la caja sin decorar, opté por añadir textura a la testa de la tapa para aportar detalle.
El último paso antes del acabado es cerrar la esquina abierta. Algo común es perforar una serie de agujeros en los extremos que se encuentran y unirlos con cuerda, hilo, tiras de cuero o el material que prefieras. También es habitual usar clavos o espigas. Yo elegà clavos de cobre, que combinan muy bien con la madera. Preperforé los agujeros antes de clavar para reducir el riesgo de grietas y los clavos los coloqué en ángulo para que actuaran como una pequeña cuña, similar a una cola de milano.
Una vez terminada cualquier decoración superficial y lijada la caja (si decides hacerlo), puedes aplicar el acabado. No hace falta un acabado muy pesado; un par de manos de goma laca funcionan bien, o un aceite de curado como el aceite de tung. Yo apliqué un aceite de nogal (tratado con calor para que cura), que realza maravillosamente la veta del cedro rojo y deja la pieza prácticamente lista al toque para usar o exhibir.
Ver el proyecto completo en el PDF abajo.